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Buenos deseos para el nuevo año, incluso aunque sea el 2009

Varita mágica
Feliz navidad y próspero año 2010 (ó 2011).

Si alguien te desea un próspero 2009 y no eres banquero ni pericante, no lo dudes, quítale las llaves del coche porque no está en condiciones de conducir.

Algunos de mis deseos para el nuevo año, incluso aunque sea el 2009. Feliz navidad y qué Dios nos pille confesados en el 2009, dicho con todo el respeto a los laicistas, pero es que este año vamos a rezar mucho más incluso los que ya no nos acordamos muy bien cómo se hace y en televisión es la primera vez que anuncian un coleccionable de rosarios (no se les escapa una a los de las editoriales):

► Que los políticos se ocupen más de resolver la catástrofe presente que en resucitar la memoria histórica, que eso tiene espera. Las hipotecas y el pan de los hijos de los parados, no.

► Que los políticos se acuerden de una vez de que se les paga para ayudar a resolver los problemas de los ciudadanos y no para crear nuevos problemas donde no los había, que así nos va. Y en la peor crisis de las últimas siete décadas algunos políticos -que han dejado bien claro que a ellos la crisis no les toca ni de refilón- se permiten abrir debates tan prioritarios para la ciudadanía como el de las selecciones de fútbol autonómicas.

► Que los partidos políticos dejen de lado su condición de deudores de bancos y cajas –la mayoría deudores morosos- y que le exijan a la banca que vuelva a hacer circular dinero para no estrangular a pymes y familias. Si no lo hacen, además de dejar el país desierto de pymes y repletito de parados, la banca ejecutora de hipotecas se va a hacer en un trís con todo el patrimonio inmobiliario privado nacional procedente de empresas y familias hipotecadas a precio de saldo en una maniobra tan perversa que va a dejar a Bernard Madoff como un robabocadillos de recreo.

► Que los mismos que llamaron a los inmigrantes a la tierra prometida con el exministro Caldera y ahora no dan la cara cuando sus invitados ya se ven obligados a abandonar esta tierra yerma, no acaben empujándonos a emigrar también a los españolitos en busca de una tierra próspera. Y ya estamos a un pasito de escapar a la vendimia.

► Que el gobierno que ha abandonado a su suerte a todas las pymes, autónomos y empleados dependientes del sector inmobiliario y que se llena la boca de advertencias sobre los peligros del modelo económico basado en el ladrillo deje de tomar medidas que sólo benefician a las grandes constructoras amigas.

► Que el gobierno que insiste –y hasta tiene razón- en que la crisis internacional la trajeron los banqueros no sea el mismo que le preste a la banca hasta 50.000 millones de las arcas públicas sin ningún tipo de control, porque aún no sabemos a dónde han ido a parar, pero lo que sí es seguro es que ni a las pymes, ni a los autónomos ni a las familias. Por algo el anuncio más caro de un año de crisis ha sido un anuncio de La Caixa, la caja delincuente a la que el mismo Solbes ayudó en los 90 a que le prescribiera su delito fiscal. Socialismo de banqueros y grandes constructoras.

► Que la política deje ser el gran negocio para los políticos. Que se prohíba el salto de los políticos a la empresa privada donde no se les contrata precisamente por sus méritos como gestores, sino por el peso de sus influencias y contactos: casos Taguas (Seopan, el lobby las grandes constructoras), Zaplana (Telefónica), Rato (La Caixa), etc.

► Que fascistas y comunistas estudien historia o hagan un viaje en el tiempo para ver que sus fórmulas son equidistantes de la inhumanidad y que se construyen sobre el más absoluto desprecio a los derechos humanos o, lo que es lo mismo, sobre la crueldad.

► Que se regule de una vez la perversión del libre mercado convertido en capitalismo salvaje porque si de esta sacudida nos libramos va a ser por los pelos y la próxima nos devuelve al trueque.

► Que los políticos dejen de jugar a la política. Con el terrorismo no se juega, con la crisis no se juega, con el paro no se juega, con la vivienda no se juega, con las pensiones no se juega y, en general, con los intereses de los ciudadanos no se juega.

► Que los jueces dejen de jugar a la justicia. Que desaparezca el corporativismo, el amiguismo, los prejuicios y la arbitrariedad en las sentencias judiciales. Que los jueces no sean intocables. Que los políticos destinen a la administración de justicia los medios que ésta necesita para salir de su situación tercermundista.

► Que la justicia esté al alcance de todos. Que se ponga fin a la actual injusticia de facto de que los amos del mundo se sepan perfectamente atrincherados con su legión de abogados de primera para que ningún paria se atreva a demandarles con un abogado junior y jugándose unas costas disparatadas.

► Que nuestras leyes dejen de ser un cachondeo para los terroristas y un reclamo para la delincuencia internacional. Entre el disparate de la pena de muerte y el “castigado sin postre” de nuestras sentencias judiciales hay muchas posiciones intermedias que no cuestionan nuestro espíritu democrático. Que tampoco cuestiona nuestro espíritu democrático reconocer que tener 17 años y 364 días no te hace menos consciente de tus actos que tener 18 años.

► Que en un mundo globalizado se nos olvide el concepto de patria y nación, que sólo quede el amor a la propia tierra como un sentimiento absoluto que no se enfrenta a nada. Que los que hacen negocio exprimiendo conceptos como el patriotismo o el nacionalismo se vayan buscando un empleo honesto.

► Que también se vayan buscando una ocupación sana quienes nos enfrentan desde cualquier forma de fundamentalismo religioso y desde cualquier forma radical de laicismo.

► Que desaparezcan no sólo las guerras sino todos los negocios cómplices que las alimentan y que las originan. Que entendamos de una vez que es casi lo mismo apoyar una guerra que autorizar vuelos secretos o exportar armas. Que a un mundo pacífico le duele igual una guerra que se libra en África que una guerra que se libra en Europa. Que a un mundo en paz le sacude igual un atentado en Nueva York que una matanza en Gaza. Que una víctima es una víctima, sea degoyada con un machete en Etiopía o batida de un tiro en la nuca en el País Vasco. Y que los ciudadanos pacíficos seamos igual de rotundos con el “No a la guerra” que con el “No a la exportación de armas”.

► Que se extinga la anacronía de los sindicatos chupando de la teta de las arcas públicas. No más sindicalistas barrigones. Que el Estado ofrezca directamente información, asistencia y amparo a los trabajadores en sus conflictos con las empresas. Que las empresas tengan presunción de inocencia en los Juzgados de lo Social. Que también se tenga en cuenta si la empresa ha sido habitualmente ejemplar en el respeto de los derechos de los trabajadores o si es conflictiva y reincidente.

► Que se extinga la patente de corso de las grandes corporaciones multinacionales y los bancos. Que los amos del mundo dejen de serlo y de estar por encima de todos los poderes. Que desaparezcan las sociedades secretas donde los amos del mundo toman las grandes decisiones que marcan el futuro de la humanidad, sociedades como El Club de Bildelberg o la Comisión Trilateral, con mucho más poder que la ONU, ya que en definitiva ésta se condiciona a lo que se decida en aquéllas.

► Que la ONU deje de ser el mercadillo de los jueves. Que se deroguen los derechos de veto de los países que más tienen que ver con las guerras y que más pisotean los derechos humanos. Esos derechos de veto son palos en las ruedas del carro de la paz. que no avanza un paso sin retroceder dos. Que la ONU empiece a servir para algo porque actualmente sólo nos regala esperpentos como el nombramiento como su embajador de Jesús Vázquez, presentador estrella de la abominable productora de telebasura y telecirco Gestmusic (Crónicas Marcianas, Gran Hermano, etc.). ¿Llegaremos a ver también de embajadores de la ONU a Sardá o Boris Izaguirre?

► Que el derecho a la vida prevalezca sobre la codicia de las grandes farmacéuticas en el genocidio del SIDA en el que la ONU una vez más mira para otro lado.

► Que los líderes de las economías occidentales que se han dado patadas en el trasero para salvar a sus banqueros, se las den también para acabar con la creciente indigencia en sus países y con el genocidio del hambre en el tercer mundo.

► Que los líderes mundiales se tomen en serio la conservación medioambiental. Que ningún político se permita frivolizar con el ultimátum del planeta que hemos devastado. Que el calentamiento global se asuma como la mayor amenaza para la humanidad y que como tal reciba atención prioritaria.

► Que a los artistas se les valore por su talento y no por sus apellidos, sus padrinos o sus afiliaciones políticas.

► Que sea el público quien valore a los músicos, no la lista de una cadena de radio dentro vendida a los intereses de las discográficas.

► Que desaparezca el género del cine de torturas y canibalismo. Que el cine deje de exhibir nuevas formas de tortura, que quien está mínimamente cuerdo no tiene el estómago para estas películas, quien está un poco tocado y se siente atraído por el género acaba trastornado del todo y quien ya está trastornado encuentra estímulo, reconocimiento y una fuente de ideas para ejercer su crueldad.

► Que el cine español se renueve para automantenerse y no parasitar de nuestros impuestos, que si no se vende cine español no es por el eMule sino porque los espectadores estamos ya aburridos de las pelis que reviven las crueldades de la guerra civil y la represión de la dictadura.

► Que la televisiones públicas tengan un fin exclusivamente didáctico, lo que no es incompatible con que sean entretenidas. Que las televisiones públicas no estén sometidas al poder político. Es indecente que en una televisión pública tenga cabida la crónica rosa y el Mira Quien Baila Peor.

► Que las televisiones privadas dejen de lobotomizar a la ciudadanía con realities y programas rosas, por mucho que se justifiquen en que la audiencia los elige. Que las cadenas sean valientes y sacudan las conciencias. Que personajillos del submundo rosa no se forren de este periodismo de peluquería. Que los periodistas que han encontrado aquí su filón reorienten sus carreras hacia otras realidades sociales anónimas pero más trascendentes para el ciudadano.

► Que los noticiarios de todas las televisiones informen de lo que por su trascendencia merece ser noticia y las verdaderas noticas no sean desplazadas por los contenidos que recomiendan los estudios de audiencia, que parecen ser el fútbol, los sucesos locales más truculentos, las pasarelas de moda y los concursos de alta cocina.

► Que los medios tengan un código ético mucho más exigente con la publicidad con la que nos machacan. Ni invadir el horario infantil con publicidad de alimentos basura con juguete de regalo ni intoxicarnos con la farsa de la obra social de las cajas de ahorros que desahucian sin piedad a las familias y pagan sueldos multimillonarios a sus consejeros.

► Que la SGAE y el gobierno dejen de insultar a los ciudadanos con el anuncio de televisión en el que se compara el hecho de descargar con el eMule con la canallada de echar humo a la cara de una embarazada. Que los políticos le presten como mínimo la misma atención a los parados de cualquier sector que a los parásitos de la SGAE.

► Que la mejora de la educación se centre en la calidad de la enseñanza y no nos distraigan con el debate sobre las asignaturas de religión y educación para la ciudadanía. Que lo que de verdad nos importa a los padres es que la educación pública mejore mucho su nivel para que los colegios privados no tengan ventaja en los currículos. Que la educación no sólo debe ser gratuita, desde los libros de texto hasta el comedor escolar, sino que debe ser de calidad y completa, desde las asignaturas básicas hasta las actividades extraescolares. Más inversión en la enseñanza de idiomas, deportes y artes. Más empeño en conseguir la afición a la lectura.

► Que el consumidor exija absoluta transparencia a las empresas fabricantes y comercializadoras para asegurarse de que los objetos que fabrican y comercializan están exentos de cualquier sospecha de explotación infantil o mano de obra barata como indecente eufemismo de mano de obra en condiciones de semiesclavitud. Que como consumidores miremos, en general, un poco más allá, y veamos que cada establecimiento Mc Donald abierto representa, además de mucha obesidad infantil y coste para la Seguridad Social, cientos de hectáreas deforestadas para dar pasto a ganado vacuno.

► Que el consumidor empiece a demostrar su poder vetando productos de países donde no se respetan los derechos humanos para obligarlos a que se replanteen su sistema económico basado en la semiesclavitud. Es una vergüenza que Estados Unidos mantenga el embargo sobre Cuba y haga hasta reverencias al dictador chino o se lave las manos cuando el pueblo de Israel pasa de víctima a victimario perpetrando una matanza organizada en Gaza. Es una vergüenza que los líderes de las democracias occidentales hagan la vista gorda con el atropello a los derechos humanos en China o Rusia para conseguirse mejores acuerdos comerciales.

► Que le pongan calle a las víctimas del terrorismo o a los periodistas muertos por denunciar vejaciones de los derechos humanos en cualquier punto del mundo antes que a toreros o a folclóricas o a Pilar Bardem por su militancia de joyas y abrigos de piel.

► Que los ciudadanos del mundo no miren hacia otro lado mientras se pisotean los derechos humanos en otro lugar del planeta. Que todos denunciemos. Que los medios se atrevan a poner el dedo en la llaga, cuando ahora callan tantas verdades por no resultar políticamente correctas.

► Finalmente, que en ningún caso los animales puedan ser objeto de tortura y crueldad. Ni toreros tratados como faraones ni monarcas cazando osos previamente anestesiados ni plebeyos peleando perros. La tolerancia con la crueldad con los animales insensibiliza y predispone a la crueldad con nuestra propia especie. Y estamos sobrados de predisposición natural para la crueldad.

Con toda seguridad me habré dejado mil deseos en esta carta a los Reyes Magos (o Presidentes de República Magos, igual me da), porque es mucho lo que hay que cambiar, pero los deseos que yo he olvidado ya los sabes tú. Ojalá se nos cumpla algo, que entonces los reyes habrán sido muy, pero que muy magos y espero que no quemen sus fotos los republicanos. Desear el cambio es el primer paso hacia el cambio.

Y que el año pase rapidito, que así dolerá menos.

Alí Babá y Los 40 Principales

Miguel y Bimba BoséVoy a dar un post de tregua a la crisis para abordar un tema más liviano aunque la crisis no sea tan considerada y no nos conceda la menor tregua a los siervos de la banca. Con las previsiones del FMI, más catastróficas cada día, las fórmulas y medidas tibias no van a arreglar nada y mucho menos si encima se adoptan tarde y con torpeza. Y mientras el mundo se estremece los banqueros siguen contando billetes en su búnker para que no se les escape ni uno, no sea que la economía se atreva a animarse y les fastidie el negocio de quedarse por cuatro perras con todo el patrimonio inmobiliario de pymes y familias.

La indignación me motiva a cambiar de tercio para denunciar los tejemanejes de los que no están en crisis y hasta se permiten vestirse de gala: La Cadena de Los 40 Enchufados.

La falta-de-Gala de los 40 Principales.

Uno se asquea de ver cómo cada vez con mayor descaro la industria discográfica miente y manipula a las masas. Y cómo la política y los intereses creados aupan a sus enchufados en esta industria, exáctamente igual que ocurre en la industria del cine o la de la televisión. Talento y el esfuerzo, inspiración y transpiración, parece que son los factores que menos influyen en el éxito.

Los artistas de vocación saben bien que en la industria discográfica, el talento es el factor que menos influye en el éxito. Y donde digo música, digo cine o televisión, porque el voltaje y la potencia de los enchufes y la maquinaria de la manipulación a las masas son comunes.

Por eso ningún gesto ha resultado tan rentable en la historia de nuestra democracia como el gesto de la ceja de los artistas que nos trajeron el régimen y se forran con el régimen mientras que el partido que se autodefine baluarte de la política social ha perpetuado la crisis y el drama social.

Vaya vergüenza de industria de recomendaciones y enchufes si artistas como Mónica Naranjo o La Quinta Estación tuvieron que emigrar a Méjico y pasar largos y duros años picando piedra para conseguir el reconocimiento del país hermano. Sólo entonces nuestra industria discográfica se decidió a abrirles las puertas de casa, aunque sólo fuera para que no se les escapara el filón. Y aún éstos son artistas afortunados, que muchos otros, la inmensa mayoría, muchos de ellos muy talentudos, se han quedado por el camino mientras la industria se ocupaba de lanzar la carrera de productos prefabricados como los niños creídos de Pereza o los triunfitos del sello Vale Music, la hermana discográfica de Gestmusic, una parte del imperio Endemol de La Trinca (Crónicas Marcianas, Gran Hermano, OT, Tú Sí Que Vales, Factor X, Mira Quién Baila, etc.).

Para recordarnos bien de qué va esta farsa, junto a gente con sobrados méritos propios como Anastacia, Maná, etc. Los 40 nos colaron en su última gala a algunos enchufados de su cadena y del partido en el poder (lo siento, me cuesta llamarlo “socialista” y si lo hago alguna vez pido mil perdones porque sólo yerro por pura inercia):

Miguel Bosé:

Parece ser que lo nominaron a algún premio por algo relacionado con sus éxitos musicales y no por sus méritos como propagandista político, aunque esos meritos ya le estarán sido bien pagados.

¿Cómo no iban a venderse discos de Bosé? Basta machacar cualquier canción mediocre utilizando todos los medios del imperio musical de la SER-40 Principales y acabas vendiendo hasta el “Europe is living a celebration” o, aún peor, el “Te huelen los pies” de Emilio Aragón, el “¿Qué Pasa, Neng?” o el "Chiqui-Chiqui" de Buenafuente y Mediapro.

Con este nivel, al final vamos a echar de menos la pantomima de Milli Vanilli. No todo el mundo tiene la suerte de nacer con buen oído, no toda la juventud ha llegado ya a desarrollar un mínimo de criterio propio y muchos jovenes llegarán a adultos sin haber terminado el proceso madurar ideas y valores propios. Las productoras discográficas -como las productoras de telebasura, sea en forma de realities o de series juveniles- bien lo saben y sacan buen provecho de ello.

Y hay que ver qué bien le va la carrera a Bosé desde que gobiernan aquellos para los que pidió el voto.

Los falsos progresistas acaparan todo el progreso para su propio bolsillo. Son progresistas consigo mismos en medio de la regresión a la que los suyos están condenando a la economía y la sociedad. A estos solidarios de chapita les importa nada el drama de la sociedad a su alrededor.

Estos progres de marca se ponen ellos solitos medallas por su contribución al progreso social hacia el estado de bienestar, pero ese estado suyo del bienestar o estado multiorgásmico si prefieren, no existe más que para ellos, porque para la mayoría de los ciudadanos la realidad socioeconómica dista mucho de ser de bienestar, ni siquiera de de comodidad o de mínima seguridad. Sólo es un estado de permanente inquietud al que muy resignadamente hemos acabado acostumbrándonos.

En la gala se echaba de menos un premio a Concha Velasco por su “Chica Ye-yé”. Pero todo se andará. Por lo pronto su protagonismo en La Primera le evita pasar el sofoco de anunciar remedios contra las pérdidas involuntarias de orina.

El ahora omnipresente Miguel Bosé se ha convertido con ZP en el niño en el bautizo (de esta legislatura de ruina y drama social), el novio en la boda (del socialismo con la banca) y el difunto en el entierro (de la "S" de las siglas de su partido y de la mínima coherencia política).

Ni siquiera Ramoncín consiguió llegar tan lejos con Felipe González, en aquellos tiempos en que Ramoncín exigía que le llamaran Ramón, porque el intelectual de pro estaba tan subido que agredía a los reporteros y renegaba de su antiguo nombre artístico, y es que el rey del pollo frito, don José Ramón Julio Martínez Márquez, tiene el nombre compuesto como otros miembros de la realeza. Y espero que por mentarlo no haya que pagar canon a la SGAE.

Lo cierto es que no les fue tan bien, ni de lejos, a Francisco, a Bertín Osborne y a Norma Duval durante las legislaturas populares. Los populares casi trataron mejor a Bosé, que entonces presentaba su programa Séptimo de Caballería en la televisión pública hasta que las cifras de audiencia comenzaron a ser alarmantemente ridículas hasta para La 2. En cuanto a Plácido Domingo o Julio Iglesias, ninguno necesitaba al PP para conseguir reconocimiento y éxitos en su carrera internacional. Y al PP flaco favor le hace Julio Iglesias pidiendo el voto con todo su raciocinio. Pero en fin, por la misma razón tampoco le debería hacer ningún favor al socialismo la petición de voto del multimillonario Banderas. Sólo falta que Victoria Beckham pida el voto para IU y el Sultán de Brunei para ERC.

Pero en esta legislatura a Miguelito ya nos lo querían hacer leer la Carta Magna en el Congreso. Seguramente lo llamaron por su incuestionable imparcialidad política. Claro, dirían los populares, y después que nos recite Sardá la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Ambos personajes representan la ética en estado puro.

Imagino que la propuesta le debió hacer muy poca gracia a músicos que componen, cantan (de verdad) y viven para su música, y que raramente pueden vivir de ella. Si a estos marginados por la industria los tiene que representar un músico, que sea un músico de verdad y no un producto -o subproducto- de la industria.

Y se me ocurren muchos nombres de artistas consagrados que tienen mucho que decir en la historia de la música española: Nacho Cano, Antonio Vega, Álvaro Urquijo, Alaska, Teo Cardalda, Cristina del Valle, Enrique Bunbury, Carlos Goñi, Luz Casal, La Mari de Chambao y así hasta cien que serían de consenso. O el mismo Sabina, que hasta se le perdona el gesto de la ceja siempre que se comprometa a presentarse sobrio.

Menos mal que el PP se limitó a oponerse y no se distrajo en contraproponer a alguien con más peso en la música, pongamos a Plácido Domingo, porque si no Pepiño Blanco –Rambito de Mumbay- volvía a montar a cuenta de este debate otra cortina más de humo para distraernos de la crisis.

Bimba Bosé:

Suelo evitar hacer chistes con el aspecto físico de las personas, pero cuando alguien alardea y hasta se gana la vida como modelo con un físico que debería ocultar por sentido de la discreción, me permito ciertas licencias.

La sobrinísima es más andrógina que Chuck Norris. Se debieron confundir los frascos de las hormonas y esta se llevó toda la testosterona de su tío.

Y ese físico singular no le ha impedido una fulgurante carrera en la moda, donde igual permiten desfilar a esta tabla andrógina con muslos de Schwarzenegger que a Cayetano Rivera que combina una extraña mezcla entre matarife de la España profunda, señorito andaluz y metrosexual cejijunto. Y es que en la moda se valora lo exótico y lo bizarro… y el peso de los apellidos.

Los 40 le dieron a Bimba la oportunidad de actuar y promocionarse en la gala como cantante. Y la sobrinísima se presentó con unos minúsculos pantaloncitos para enseñar esos muslos que el buen gusto aconsejaría llevar bien tapados, porque ya los quisiera un culturista profesional o un Tiranosaurus Rex.

Pero la Bosé es una alumna aplicada y sabe que a su tío le salió muy rentable explotar la provocación y la ambigüedad. Es el marketing discográfico de vender humo. Pero en su caso humo de chimenea de Chernobyl, porque ni los temas ni la voz dan de sí. Qué más da, porque Bimba venderá muchos discos, de eso sí podemos estar seguros. Ya se ocuparán Los 40 y la SER de machacar sus canciones en la emisora.

Gervasio Deferr:

Cómo iba a olvidarse la emisora del partido de este multimedallista olímpico que pidió el voto para ZP, nuestro presidente que gobierna en Fairytopía -el reino de las hadas de Barbie- y que en medio de la convulsión de la crisis nos ha prometido un enésimo ministerio, esta vez dedicado al deporte. Dudo mucho que en el nuevo ministerio pueda dar trabajo a los 3 millones de parados -y creciendo-.

Pero seguro que a Gervasio le caería algún carguillo ministerial, que el PSOE cuida muy bien de los suyos. Que le pregunten al pluriempleado Gonzalo Miró, casi emparentado con la aristocracia terrateniente. Y mejor me autocensuro que el copresentador de la Cuatro ya le sacó 300.000 euros en una demanda a Telecinco. Joder, menudo precio tiene el honor del chaval. Que tiemblen los paparazzis y reporteros si se llega a convertir en aristócrata consorte.

En el caso de Gervasio, como cantar no es lo suyo, ni siquiera con temas requetearreglados con los tonos rebajados hasta la potencia -impotencia- de voz de los Bosé, y se vería demasiado forzada una exhibición deportiva en medio de la gala musical, bueno, pues se le hace un huequecito para presentar los premios que a nadie le amarga un dulce y así se repela un poquito más de protagonismo para los deportistas afines al régimen.

Los 40 Principales hacen el gesto de la ceja.

Yo salí definitivamente de dudas sobre la parcialidad política de los 40 Principales al día siguiente de las últimas elecciones generales. Hasta entonces sólo era consciente de que la todopoderosa cadena era la que decidía quien iba a triunfar en ventas y qué artistas se iban a condenar al olvido en la radio. Tanta concentración de poder acaba por oler mal y hasta hiede.

Al día siguiente de la segunda victoria de ZP para luto de nuestra economía, tuve la mala suerte de oír parte del programa ¡Anda Ya! que emiten Los 40. Ese día un reportero acudía a un colegio privado a preguntarle a los estudiantes, presumiblemente todos niños pijos, si sus padres estaban muy enrabietados por la derrota de Rajoy. También les preguntaban si todos tenían videoconsola en casa y eso, para vendernos que estos jovenes eran pijos de pro, esto es, casi tan pijos como Gonzalo Miró (al final me cae la demanda) y, consecuentemente -en su miserable lógica propagandística-, representaban a los cachorros de la "rancia derechona".

¡Anda Ya!, Los 40 y la SER nos querían vender que el PSOE es obrero, socialista y solidario y los jovenes socialistas se resisten a las videoconsolas -seguramente ocupan todo su tiempo de ocio colaborando altruistamente en ONGs- y sus papás evitan los colegios privados. Como bien dice el programa... ¡Anda ya!.

La pijería y el buen vivir no son exclusivas de los populares, que detrás de cada político, sea del PP, del PSOE, de IU o ERC hay un “bon vivant”, que precisamente de eso va la política, de vivir bien. Bien lo saben los políticos y bien los saben los que sin serlo se les arriman.

Que la falsa progresía tarda poco en tunearse con dinero público y en plena crisis la limusina oficial -sospecho que el de Esquerra Republicana quería experimentar cómo se siente viviendo a cuerpo de rey-, o las tapas de inodoro de Moncloa, que igual también las decoró Miquel Barceló. Más sibaritas que los pijos, y encima horteras.

Qué asco de manipulación para muchas blanditas mentes adolescentes –aquellas que quedaron ablandadas por Crónicas Marcianas y ahora se siguen degradando con Gran Hermano-. Sólo esas mentes involuntariamente formateadas e insensibilizadas en materia de mal gusto están preparadas para soportar la memez de semejante programa de ji, ji, ji y ja, ja, ja.

Los jovenes, que como niños cada vez descubren antes que no existen Los Reyes Magos ni el Ratoncito Pérez, se tragan luego a pies juntillas que los premios que concede la todopoderosa cadena de radio se ganan por méritos y talento y no se subastan al mejor postor entre las productoras musicales.

Ahora el marketing de masas manda a los jóvenes a escuchar a Miguel Bosé; a debatir sobre Gran Hermano; a tragarse toda la amplia oferta de series cutreadolescentes con sello nacional, que son como la norteamericana “Sensación de Vivir”, pero con mucho menos lujo, glamour y empalago, algo así como “Sensación de Potar” o “Sensación de Ponérselo”, que suena más realista y más progre; e ir al cine a ver la última gilipollez americana, que ahora toca Crepúsculo.

Lo único que no consiguen con su marketing para jovenes preformateados es vender cine español. No hay tanto lugar para el masoquismo duro. Y es que no hay presupuesto publicitario que consiga vender cine monotemático sobre las canalladas del bando nacional en la Guerra Civil y la represión franquista. Además, ya están cansados de la interminable versión light en La Primera que es la serie "Cuéntame", que debería llamarse "Cuéntame Sólo Una Parte".

Cualquier joven bien formateado sabe ya que nuestra Guerra Civil fue la única guerra en la que sólo disparaba un bando, que el otro era pacifista y combatía con mantras.

Sardá pone su egolatría por escrito.

Y para los jóvenes raritos que aún leen un libro, Gestmusic, la todopoderosa productora de La Trinca, responsable de Crónicas Marcianas, Gran Hermano y todos los realities que contaminan la oferta de la telecaspa, no se cansa de promocionar en sus programas el ladrillo escrito por Sardá o su negro.

Xavier, que ya eres un progre multimillonario, no te ciegues por tu egolatría y no te metas a escritor, que como bien te dijo el poeta Sabina –y este sí que está facultado para escribir-, tú tienes mucha suerte porque para aquello a lo que te dedicas no hace falta tener ningún talento.

Desde aquel comentario Sardá quiere mucho a Sabina. No cayó en la cuenta el rey del telecirco y la telecaspa que cuando invitó a Sabina a su programa tenía que haberse acordado de aquello que dice la sabiduría popular de que sólo los niños y los borrachos –o los fumados- dicen la verdad.

Ya he visto en Carrefour el libro de Sardá, sólo me extrañó no verlo en la categoría de primer precio ó 2x1 con algún libro de cocina de Arguiñano. Pero tengo que reconocer que el título es acertado. Lo ha titulado Eros (su infinito amor por sí mismo), Tanatos (la muerte del talento) y Su Puta Madre (lo ha dicho él, que igual la mujer es una santa).

Hace tiempo que me borré de la cadena del telecirco y la telecaspa. Que les cunda su cultura de Ana Rosa, La Noria y Gran Hermano.

Ahora me borro y desintonizo Los 40 Principales. ¡Anda ya con la radiobasura y la radiopropaganda!.

Foto (20Minutos.es): Miguel y Bimba Bosé en los Grammy

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Gervasio Sánchez, colección Sierra Leona, Guerra y Paz

En la actualidad se mantienen más de 20 conflictos armados abiertos en el mundo, la mitad en África. Además, más de 30 situaciones de altísima tensión pueden terminar desembocado en nuevos conflictos armados. La actual carrera armamentística está al nivel de la de los tiempos de la Guerra Fría.

Nuestro país, como habitual exportador de armas, ha sido siempre y sigue siendo ahora cómplice de esta vergüenza. Todos los gobiernos de la democracia sin excepción han sido exportadores de muerte y el gobierno surgido del “No a la guerra” duplicó la venta de armas que suministramos a países como Colombia, Pakistán, Israel o Marruecos.

No veo a Sardá y a Boris Izaguirre – el mejor exponente de la progresía de limusina y caviar – seguir llevando su chapita con el eslogan ¡No a la guerra!. Imagino que están demasiado ocupados contando billetes, porque las contribuciones a las victorias electorales están muy bien pagadas. Las víctimas de África tienen menos valor político que las víctimas de Irak. Y que España exporte muerte no es como para tener mala conciencia. Hasta la desprestigiada ONU ha nombrado embajador a Jesús Vázquez, fijo del imperio de la telecaspa y la manipulación televisiva Getmusic-La Trinca-Sardá.

Los principales medios de comunicación, los mismos que han censurado el incómodo discruso de Gervasio Sánchez, nos han centrado en los conflictos de Afganistán, Irak, Israel, Palestina y el Líbano, olvidando las guerras a las que la comunidad internacional da la espalda. Así poco a poco nos van acostumbrando a que haya más de 40 crisis humanitarias en el mundo.

A continuación reproduzco el discurso pronunciado por Gervasio Sánchez (periodista y fotógrafo) durante la entrega de los premios Ortega y Gasset de Fotografía convocado por El País el pasado 7 de mayo.

En el acto estaban presentes la Vicepresidenta del Gobierno, varias ministras y ministros, ex ministros del Partido Popular, la presidenta de la Comunidad de Madrid, el alcalde de Madrid, el Presidente del Senado y centenares de personas.

El discurso fue censurado por los principales medios de comunicación, incluido El País, que convocó los premios. Afortunadamente, centenares de voces libres en la red lo han reproducido. Aquí va mi granito de arena:

“Estimados miembros del jurado, señoras y señores:

Es para mí un gran honor recibir el Premio Ortega y Gasset de Fotografía convocado por El País, diario donde publiqué mis fotos iniciáticas de América Latina en la década de los ochenta y mis mejores trabajos realizados en diferentes conflictos del mundo durante la década de los noventa, muy especialmente las fotografías que tomé durante el cerco de Sarajevo.

Es un gran honor porque varios de mis mejores amigos a los que respeto profesionalmente pertenecen a la plantilla de este diario. Queridos Ramón Lobo, Guillermo Altares, Miguel Ángel Villena, Jorge Marirrodriga, Francesc Relea, Miguel Gener, Alberto Ferreras, Gorka Lejarcegui, incluso tú querido Alfonso Armada, a los que he nombrado y a los que tengo en mi mente, a todos vosotros que me apoyasteis en los momentos más duros os dedico este premio de todo corazón.

Quiero dar las gracias a los responsables de Heraldo de Aragón, del Magazine de La Vanguardia y la Cadena Ser por respetar siempre mi trabajo como periodista y permitir que los protagonistas de mis historias, tantas veces seres humanos extraviados en los desaguaderos de la historia, tengan un espacio donde llorar y gritar.

No quiero olvidar a las organizaciones humanitarias Intermon Oxfam, Manos Unidas y Médicos Sin Fronteras, la compañía DKV SEGUROS y a mi editor Leopoldo Blume por apoyarme sin fisuras en los últimos doce años y permitir que el proyecto Vidas Minadas al que pertenece la fotografía premiada tenga vida propia y un largo recorrido que puede durar décadas.

Señoras y señores, aunque sólo tengo un hijo natural, Diego Sánchez, puedo decir que como Martín Luther King, el gran soñador afroamericano asesinado hace 40 años, también tengo otros cuatro hijos víctimas de las minas antipersonas: la mozambiqueña Sofia Elface Fumo, a la que ustedes han conocido junto a su hija Alia en la imagen premiada, que concentra todo el dolor de las víctimas, pero también la belleza de la vida y, sobre todo, la incansable lucha por la supervivencia y la dignidad de las víctimas, el camboyano Sokheurm Man, el bosnio Adis Smajic y la pequeña colombiana Mónica Paola Ojeda, que se quedó ciega tras ser víctima de una explosión a los ocho años.

Sí, son mis cuatro hijos adoptivos a los que he visto al borde de la muerte, he visto llorar, gritar de dolor, crecer, enamorarse, tener hijos, llegar a la universidad.

Les aseguro que no hay nada más bello en el mundo que ver a una víctima de la guerra perseguir la felicidad.

Es verdad que la guerra funde nuestras mentes y nos roba los sueños, como se dice en la película Cuentos de la luna pálida de Kenji Mizoguchi.

Es verdad que las armas que circulan por los campos de batalla suelen fabricarse en países desarrollados como el nuestro, que fue un gran exportador de minas en el pasado y que hoy dedica muy poco esfuerzo a la ayuda a las víctimas de la minas y al desminado.

Es verdad que todos los gobiernos españoles desde el inicio de la transición encabezados por los presidentes Adolfo Suarez, Leopoldo Calvo Sotelo, Felipe González, José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero permitieron y permiten las ventas de armas españolas a países con conflictos internos o guerras abiertas.

Es verdad que en la anterior legislatura se ha duplicado la venta de armas españolas al mismo tiempo que el presidente incidía en su mensaje contra la guerra y que hoy fabriquemos cuatro tipos distintos de bombas de racimo cuyo comportamiento en el terreno es similar al de las minas antipersonas.

Es verdad que me siento escandalizado cada vez que me topo con armas españolas en los olvidados campos de batalla del tercer mundo y que me avergüenzo de mis representantes políticos.

Pero como Martin Luther King me quiero negar a creer que el banco de la justicia está en quiebra, y como él, yo también tengo un sueño: que, por fin, un presidente de un gobierno español tenga las agallas suficientes para poner fin al silencioso mercadeo de armas que convierte a nuestro país, nos guste o no, en un exportador de la muerte.

Muchas gracias.”

▲ Foto (Gervasio Sánchez): De su colección "Sierra Leona, Guerra y Paz"

Gómez de Liaño, Prisa, magistrados contaminados y Estrasburgo

Gómez de Liaño: “PRISA me agredió mucho en mi vida profesional, personal y familiar”.
El Confidencial 23.07.08, por Daniel Forcada

El ex juez Javier Gómez de Liaño respiró ayer, al fin, tranquilo. El Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo acaba de reconocer que el suyo no fue un juicio justo e imparcial y que los magistrados que le condenaron por prevaricación en el Caso Sogecable presentan serias dudas en su actuación. El ex juez, que fue indultado por el Gobierno de Aznar y que trabaja ahora como abogado, considera “lamentable” que Estrasburgo tenga que enmendar los errores de la justicia española.

¿Satisfecho con la sentencia?
Creo que técnica y juridicamente es una sentencia espléndida. Tiene un razonamiento sobre el juez imparcial y recoge muchos de los principios que habíamos expuesto en la demanda. Tiene también un componente triste que es la condena a un estado como España, al Tribunal Supremo y al Constitucional. Hay también una parte personal, pues la sentencia de Estrasburgo supone el punto final a una década muy dolorosa. Desde el primer momento tenía la intuición de que los dos magistrados contaminados del Tribunal Supremo no iban a hacer otra cosa que condenarme. Se ha demostrado que tenían un enorme prejuicio hacia mí, tenían un objetivo muy claro: condenarme en contra del criterio del fiscal y del magistrado ponente.

En cambio, ningún medio del Grupo Prisa ha informado este martes sobre su caso…
No es un indicio de buen periodismo, porque PRISA fue en su día de lo más virulento conmigo. Agredió mucho mi vida profesional, personal y familiar. Recuerdo que un periodista me llegó a decir que tenía contabilizados todos los editoriales publicados por El País en mi contra, 67 ó 68, una barbaridad. Este silencio, por tanto, me ha sorprendido.
Yo soy suscriptor del diario y lo leo todos los días: no me parece un comportamiento correcto. Tampoco quiero darle mucha importancia, hay que echar pelillos a la mar y mirar hacia el futuro, que ofrece un panorama lleno de gozo.

Con el tiempo transcurrido, ¿cómo valora la actuación del Gobierno de Aznar, que le ofreció el indulto, o la actitud de los jueces que le traicionaron?
No estoy acostumbrado a valorar el comportamiento y la actitud de los políticos. En su día agradecí el indulto del Gobierno de Aznar porque lo entendí como otra forma de hacer justicia, pues daba a entender que conmigo, los tribunales no la habían tenido. En el Caso Sogecable, mi comportamiento fue siempre correcto, como en todos los demás casos que había llevado hasta entonces. El mío ha sido un comportamiento homogéneo que no gustó a alguien, ya se puede imaginar usted quién, y que con su Grupo inició una batalla muy dolorosa contra mí. Y contó para ello con la ayuda, al menos, de dos magistrados del Tribunal Supremo, los dos, por cierto, ya jubilados (Gregorio García Ancos, Enrique Bacigalupo Zapater).

¿Esta sentencia es un consuelo suficiente para reparar su imagen?
De sobra, estoy más que conforme. Lo que es muy lamentable es que los ciudadanos españoles tengan que acudir a Estrasburgo porque en España no encuentran justicia y que sea este Tribunal el que enmiende los errores judiciales de nuestro país. Cuando un ciudadano sospeche de un juez, no hay porqué insistir en él, hay jueces de sobra. No pasa nada porque entren otros jueces y se limpie de paso la imagen de la justicia.

¿Está la justicia de nuestro país enferma?
Yo siempre digo que está en un estado delicado de salud, pero tantas veces se cae como tantas veces se levanta, porque en España hay grandes jueces. Pero dentro de las 4.000 personas que forman ese colectivo, hay algunos que juegan a otra cosa que no es ser juez. Un juez lo es para siempre.

Foto: NAN

Contra la gabilondización de la crisis

Cuatro, Prisa y el documental "Construcción. Se acabó la fiesta”.

Reconozco que cuando decido anestesiarme y lobotomizarme viendo la televisión, muchas veces, entre lote de anuncios y lote de anuncios, encuentro más calidad y frescura en los programas de Cuatro que en la oferta de las cadenas de la competencia. De entre todas las cajas tontas, a menudo Cuatro me parecía la menos tonta, si bien me he cuidado siempre de evitar -por higiene mental, fundamentalmente- sus programas más tendenciosos. Lo cierto es que prefería entretenerme con House –aunque como buen hipocondríaco la serie acabó por darme mal rollo-, The Closer, Callejeros y hasta su Noche Hache –pasándola por el tamiz de su parcialidad política- antes que castigarme con las siempre predecibles series en las que Emilio Aragón-Globomedia (y ahora también La Sexta) exprime todos los recursos y tópicos de las series norteamericanas más memas, lo cual es incluso preferible a la zafiedad de los realities casposos del Imperio La Trinca-Sardá-Gestmusic que ahora son el sello de identidad, tomando el relevo a las Mama Chicho, de la cadena del telecirco. Por cierto, ambas productoras también tienen una pequeña presencia en Cuatro para aportar a la cadena su granito de arena –o de estiércol televisivo, para hablar con más propiedad-.

En la madrugada del sábado 16 de agosto, el canal de televisión Cuatro del Grupo Prisa emite el documental “Construcción. Se acabó la fiesta”, que creo recordar que ya emitió en otra ocasión.

En el documental pasaron por alto algunos detalles importantes:

- Si hubo fiesta, no fue inmobiliaria.

- Si se celebró alguna fiesta en el sector inmobiliario, fue una fiesta VIP organizada por la banca para las grandes inmobiliarias a la que la el resto del sector no estábamos invitados.

- Mientras los ciudadanos celebramos el velatorio de una economía en crisis, los consejeros de la banca y las grandes inmobiliarias, sobradamente blindados, se pueden permitir seguir con su fiesta.

- Continúa la orgía de poder y beneficios de las grandes corporaciones de sectores que no son precisamente el de la construcción: energía, telecomunicaciones, farmacéuticas, distribución alimentaria, armamentísticas, etc., sin olvidar imperios mediáticos como el Grupo Prisa responsable de la emisión del documental.

Si hubo fiesta, fue "bancaria".

El título del documental “Construcción. Se acabó la fiesta” es bastante desafortunado y no creo que sea por desacierto de sus autores sino por su interés propagandístico para manipular a una audiencia aturdida y desconcertada por una crisis que hasta hace bien poco se nos ha venido negando desde el gobierno del color que más ha apoyado al Grupo Prisa.

Si en los años de crecimiento económico hubo alguna fiesta, la verdadera fiesta fue bancaria. Quienes nos hemos molestado en informarnos sobre la crisis más allá de donde nos quieren contar las televisiones, sabemos que el origen y la naturaleza de la crisis no hay que buscarla en la construcción, sino en la voracidad de la banca.

El autor de la mejor explicación de la crisis subprime, el profesor Leopoldo Abadía Sr., en su artículo “La crisis ninja”, advierte que “el Crack del 29, comparado con la actual crisis financiera, es un juego de niñas en el patio de recreo de un convento de monjas”.

La banca para aumentar sus beneficios utilizó recursos y artificios tan imaginativos como peligrosos porque constituían una grave amenaza no sólo para la propia banca, que ahora tiene que afrontar una seria falta de liquidez, sino para todos los sectores de la economía en general. La amenaza ya se ha cumplido desde el momento en que la falta de liquidez de la banca se ha traducido en un tijeretazo a todas las operaciones de financiación a las empresas y a las familias.

Qué duda cabe que el sector más perjudicado por el tijeretazo bancario es el inmobiliario, ya que la banca no sólo se niega a financiar o sencillamente a renovar la financiación a los promotores, sino que incluso les sabotea cualquier posibilidad de recuperar liquidez mediante la venta de sus productos –las viviendas- al oponer todas las dificultades y resistencias posibles a las familias para la obtención de préstamos hipotecarios con los que financiar la adquisición de una vivienda.

Desinformar quedándose con la anécdota.

El documental de Cuatro pretende que la audiencia identifique el sector de la construcción con la imagen anecdótica de casos como el de El Pocero, que es el caso que se presenta en el documental como un referente de la naturaleza, las prácticas y la trayectoria del sector.

Quienes conocemos desde dentro el sector inmobiliario sabemos que los casos como el de El Pocero no son representativos del sector, porque no constituyen en absoluto los casos más habituales, sino sólo los anecdóticos, los que más llaman la atención por ser en sí mismos escandalosos. En Murcia todos tenemos en mente media docena de casos similares, pero frente a estos casos de portada de prensa existe la realidad de miles de pequeños y medianos promotores inmobiliarios para los que, si ha habido fiesta, a ellos no les han invitado.

Sí que es cierto que en estos últimos años han sido de fiesta de crecimiento y beneficios disparatados para las grandes empresas de la construcción, participadas en muchos casos por grandes capitales procedentes de otros sectores, incluida la banca. Pero para miles de pequeños y medianos promotores no hubo ninguna fiesta, sino sencillamente prosperidad y desarrollo, objetivos que deberían ser tan legítimos en este sector como en cualquier otro.

Es un despropósito llamar fiesta a la prosperidad de la que se pudieron beneficiar no sólo miles de pequeños y medianos promotores inmobiliarios, sino también miles de empresas y profesionales autónomos pertenecientes o no al sector que pudieron beneficiarse de manera más o menos directa de la buena marcha de la construcción, además de todos los trabajadores que se pudieron emplear en los muchos puestos de trabajo generados por esta bonanza y que ahora hacen cola en la oficina de empleo. De esta bonanza también se beneficiaron directamente otros sectores que ahora maldicen el sector, desde la banca hasta la administración pública, porque la administración central y las administraciones locales recaudaron más que nunca y la tesorería de la seguridad social recuperó su salud y hasta engordó.

Si a la prosperidad la llaman fiesta, creo que todos preferimos vivir en fiesta que malvivir en el velatorio de una economía en crisis.

De fiestas, orgías y vacanales.

Hubo fiesta para las grandes empresas de la construcción, participadas en muchos casos por grandes capitales procedentes de otros sectores, incluida la banca que ahora no tiene escrúpulos para negarle la financiación a los mismos pequeños y medianos promotores a quienes antes perseguía en busca de negocio.

La fiesta continúa para los consejeros de los bancos y cajas de ahorros que propiciaron la crisis y para los consejeros de las grandes inmobiliarias que aprovecharon la coyuntura para disparar su facturación y beneficios.

Aunque la banca esté acusando ahora la falta de liquidez y aunque estamos asistiendo a la caída de algunas de las grandes inmobiliarias, no se nos escapa que tanto los consejeros de la banca que propició esta crisis como los consejeros de esas grandes inmobiliarias se pueden permitir seguir de fiesta, aunque para que no se descubra su desvergüenza ahora les tocará ser más discretos, cerrar las cortinas y bajar la música.

Aquí las únicas víctimas son los antiguos trabajadores de las inmobiliarias caídas que ahora hacen cola en la oficina de empleo, las familias que les entregaron sus ahorros y ahora no tienen ni vivienda ni ahorros, el resto de los acreedores y hasta los pequeños accionistas. Los protagonistas de la borrachera de crecimiento y beneficios desemedidos ya se blindaron bien para los tiempos de resaca.

Mientras que la crisis financiera acabó con la "fiesta" de la construcción, la fiesta con la que la crisis no va a acabar es con la orgía de poder y beneficios de las grandes corporaciones: energía, telecomunicaciones, farmacéuticas, distribución alimentaria, armamentísticas, etc., sin olvidar imperios mediáticos como el Grupo Prisa.

Simplificaciones tendenciosas.

El documental apunta a la simplificación:

Construcción = especulación, pelotazo, malas prácticas.

Si utilizáramos el mismo criterio de simplificación, tendríamos que dar por buenas las siguientes simplificaciones:

PSOE = crisis vs. PP = prosperidad.

Solbes = Crisis, en 1992 y en el 2008.

PP = viviendas caras, pero accesibles para muchos vs. PSOE = viviendas depreciadas, pero inaccesibles para todos.

Afortunadamente, la mayoría de los ciudadanos no nos conformamos con lo aparente y sabemos que la realidad es mucho más compleja que todo eso. No se nos escapa que ningún partido político se atrevió en su día a alzar la voz para denunciar las peligrosas maniobras de la banca, seguramente porque todos los partidos políticos están cautivos por su propia deuda con la banca, y que ningún partido político tiene una fórmula mágica para resolver la crisis.

No obstante, ello no significa que los ciudadanos nos tengamos que resignar y callar cuando asistimos a que la gestión de la crisis por parte de nuestro gobierno dista mucho de ser eficaz.

Intoxicación propagandística para distraernos de la parálisis e ineficacia del gobierno.

Culpar de la crisis al sector inmobiliario y decir que el sector ha estado de fiesta en los años de prosperidad, constituye una falacia en la misma línea propagandística alimentada por el gobierno del color que más ha favorecido al Grupo Prisa.

Muy lamentablemente para los ciudadanos, nuestro gobierno se equivoca una y otra vez en la gestión de la crisis y de poco le va a servir toda su propaganda cuando ya afrontamos la cruda verdad de las hipotecas, las colas del paro y la caída del consumo.

Desde el gobierno, primero intentaron esconder la gravedad de la crisis tras el juego de palabras “desaceleración económica”. Creo que ya tenemos claro que si nuestro presidente nos tuviera que anunciar una tragedia nuclear como la de Chernobil nos diria algo así como “ha ocurrido un accidente puntual y localizado, pero en estos momentos nos conviene mantener la serenidad y no caer en alarmismos porque yo les garantizo que este gobierno está trabajando para que muy pronto la situación pueda volver a la más absoluta normalidad”. Si en Estados Unidos un presidente válido no consiguió recuperar la confianza de la ciudadanía después de haberles mentido al negar su affair con la rolliza becaria, no sé cómo deberíamos tomarnos aquí esta irresponsable negación por parte de nuestro presidente de una realidad tan obvia –y que va a afectar tan duramente a nuestras economías-.

En su defensa dijo que había que que dar un mensaje optimista a los agentes económicos porque nadie se querría subir a un barco gobernado por un pesimista, pero, señor presidente, yo prefiero los riesgos de quedarme en tierra antes que embarcar en una nave condenada a la deriva por las mentiras o el optimismo irresponsable de su capitán.

Después parecía que lo más importante no era gestionar la crisis para que hiciera el menor daño posible sino desvincularse de sus causas. Todos los mensajes buscaban poner énfasis en su alcance internacional –ya lo dice la sabiduría popular: “mal de muchos, consuelo de tontos”- e identificar a los culpables fuera de nuestras fronteras en las hipotecas subprime, la crisis energética, la crisis alimentaria, etc. Como si a los ciudadanos nos importara más el análisis que la solución. No creo que a mi banco, cuando al final me toque retrasarme en el pago de la hipoteca, me acepte la excusa de la crisis energética y sospecho que lo de las hipotecas subprime mejor que me lo calle.

Más tarde, nuestro Ministro de Economía –y recuerdo muy bien las declaraciones del Señor Solbes, por la insultante indolencia que demostraba apoltronado en su sillón- justificaba su pasividad asegurándonos que no era recomendable que el gobierno interviniera porque los propios mecanismos de mercado se ocuparían de ajustar la situación. Parece que importa poco si el mercado para hacer su ajuste necesita llevarse por delante a la economía de millones de españoles, cuando el mismo ajuste se podría suavizar con un plan de choque eficaz que al menos nos hiciera la crisis más llevadera a los millones de españoles que ya la sufrimos.

Luego vino la asunción de la crisis y la complicidad de los sindicatos con el gobierno para asegurar que la crisis era culpa de un modelo económico equivocado en el que el crecimiento se había basado en el sector de la construcción, pero que el sector industrial, debidamente apoyado, tomaría el relevo de la construcción y absorbería a los desempleados de la construcción. Esto, a día de hoy, y con los datos que tenemos -en junio la industria ya demostró su fracaso como nuevo motor de la economía al desplomarse un 9%-, sería un chiste, si no fuera porque los únicos que se ríen son los políticos y los dirigentes sindicales mientras que para la mayoría de los ciudadanos su chiste es nuestro drama.

Finalmente, tenemos las cortas medias recogidas en los planes del gobierno para afrontar la misma crisis que hasta hace poco nos negaban. Medidas inútiles, ineficaces, insuficientes y que no resuelven nada en el corto plazo. Así han calificado las medidas el gobierno del PSOE todos los partidos del resto del espectro político.

La reacción del gobierno para afrontar la crisis es como para que el ciudadano se preocupe y hasta se alarme: a la negación del problema le sigue la apatía y la pasividad y luego la torpeza y la ineficacia.

No pido un cambio de gobierno, no sea que vayamos a complicar aún más las cosas, al fin y al cabo la crisis preocupa igual de poco a las familias Solbes, Pizarro, Montilla, Chaves, Carod o Llamazares. Sólo exijo a los políticos de todo el espectro ideológico que por una vez se ganen el sueldo y cambien el electoralismo por el sentido de la responsabilidad porque con un poco de consenso y un mucho de sentido común pueden suavizar y hacernos más llevadera esta crisis y devolvernos mucho antes a la recuperación económica.